domingo, 7 de febrero de 2016

"Stop shooting US..."

Fotograma tomado del vídeo Formation,
de la artista Beyoncé





   Decía Freud que "la función capital de la cultura, su verdadera razón de ser, es defendernos contra la naturaleza". Y tenía razón. La cultura, y todo lo que implica, nos protege de la naturaleza más salvaje y cruel, que son a su vez valores intrínsecos en el hombre. A pesar de que muchos sigan entendiéndola hoy como factores de distinción social, pues al parecer un museo o una pieza de música clásica siguen estando empapados de connotaciones elitistas, el arte y sus modalidades son imprescindibles en nuestra vida. No hablamos de simple ocio o entretenimiento. La cultura, a mi modesta forma de ver y de comprender, conserva algo esencial, muy propio y muy bello, que no ha sido eclipsado (o, al menos, no del todo) por su comercialización. Y eso es la posibilidad que nos brinda para poder expresar, crear y, sobre todo, denunciar.

Los artistas, esas almas librepensadoras, han entendido a la perfección que la cultura es el vehículo perfecto para ir contra las atrocidades sociales y políticas que marcan nuestras sociedades. Así de simple, pero así de complejo. Una película - y se me viene a la cabeza 12 años de esclavitud, con la maravillosa Lupita Nyong'o - puede enseñarnos una realidad atroz y repugnante, como es la esclavitud o el desprecio a una persona por su color de piel (por cierto, continúa existiendo la esclavitud, aunque ahora aparezca de forma diferente. Diría que la explotación de los recursos naturales de países tercermundistas por parte de las grandes potencias es un claro ejemplo de esclavitud). Una canción, como American Oxygen de Rihanna, nos muestra la destrucción humana por cuestiones ideológicas. Formation, de Beyoncé, parece criticar ese modelo de superioridad norteamericano, basado en el poder militar, y los propios conflictos internos que se viven en la gran nación. La gala de los Premios Goya de ayer sirvió para pedir un cambio en la política cultural en España. Todos podemos estar más o menos de acuerdo en las formas en las que se desarrollan estas denuncias. Al fin y al cabo, el arte también se presta a interpretaciones ideológicas. Sin embargo, la cultura ha demostrado el valor de la libertad de expresión, tan necesario y tan perseguido por aquellos que desean silenciar manifestaciones de malestar antes realidades oscuras. Sin duda alguna, esta función de denuncia suele oprimirse no por ideologías y políticas, sino por nuestro propia egolatría y soberbia. Estoy seguro de que muchos de nosotros seguiremos analizando simplemente los trajes de las estrellas y continuaremos ignorando sus verdaderos mensajes, más allá de la apariencia de éxito y glamur.


FJM

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